¿Qué es un metal noble?
Metales nobles, metales preciosos, metales semipreciosos: los metales se clasifican en diferentes categorías, que a veces se utilizan de forma incorrecta. Un metal noble no es solo un metal bonito, brillante y resistente. Debe tener ciertas características físicas y químicas para ser definido como tal. Veamos con más detalle qué son los metales nobles y qué los diferencia de los metales preciosos y los metales más comunes.
¿CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS DE UN METAL NOBLE?
La nobleza de un metal se determina en función de su resistencia. No nos referimos aquí a la dureza o la resistencia mecánica del material, sino a su resistencia a la oxidación y la corrosión. Así, un metal noble es un metal que no se altera al entrar en contacto con el agua, el aire y los ácidos, a diferencia de metales como el hierro o el manganeso.
Sin embargo, la mayoría de los metales nobles pueden disolverse con mezclas de ácidos, como el agua regia (mezcla de ácido clorhídrico y ácido nítrico). Solo el iridio y la plata resisten el agua regia, aunque esta última se altera en presencia de ácido nítrico.
Cabe señalar también que los metales nobles pueden rayarse, que no todos tienen el mismo nivel de resistencia al calor y que algunos pueden perder brillo con el tiempo (como es el caso, por ejemplo, del metal plateado). A pesar de su nobleza, merecen el mayor cuidado y un mantenimiento adecuado para conservar sus propiedades, su esplendor y su valor comercial.
¿CUÁLES SON LOS DIFERENTES METALES PRECIOSOS?
La clasificación de los metales preciosos en 8 categorías es la siguiente:
- el oro;
- el dinero;
- el platino;
- el iridio;
- el paladio;
- el rodio;
- el rutenio;
- El osmio.
Aunque todos ellos son reconocidos por su nobleza, ninguno de estos elementos (que figuran en la tabla periódica) tiene exactamente las mismas propiedades.
La maleabilidad, la resistencia al deslustre, el punto de fusión, el color, el brillo y otras características los convierten en metales muy diferentes entre sí.
Cabe señalar que otros materiales, aunque no entran en la definición estricta de metales nobles, a veces se añaden a esta lista o se consideran «seminobles». Entre ellos se incluyen, por ejemplo, el mercurio, el renio o el cobre.
¿EN QUÉ ÁMBITOS SE UTILIZAN LOS METALES PRECIOSOS?
Dado que son resistentes a la corrosión y a la oxidación, los metales nobles son muy apreciados en numerosos sectores de actividad. Orfebrería, electrónica, emisión monetaria, productos dentales, industria automovilística: estos son algunos ejemplos de ámbitos en los que se utilizan los metales nobles, algunos de ellos desde hace varios siglos, incluso milenios.
Más allá de su resistencia, también se aprecian por su estética y brillo. Por eso, metales nobles como el oro, la plata o el platino se utilizan en joyería, para la realización de obras de arte, en las artes de la mesa, etc.
Un metal noble puede utilizarse tal cual o aleado con otro metal. Es el caso, por ejemplo, del oro vermeil (metal precioso que combina plata maciza y una capa de oro) o de la solidificación del platino al alearlo con rodio o iridio. Al mezclar estos diversos metales nobles entre sí, se logran combinar sus propiedades para obtener materiales que satisfacen necesidades específicas.
También se pueden utilizar metales nobles en pequeñas proporciones con otros metales de la tabla periódica, no nobles, para aportar un aspecto estético o una mayor resistencia. Un ejemplo notable es el chapado en oro, que consiste en recubrir una base de cobre o latón con una fina capa de oro. Evidentemente, esto no permite obtener las mismas propiedades que el oro puro, pero permite acercarse a su aspecto a un menor coste.
¿QUÉ DIFERENCIAS HAY ENTRE LOS METALES NOBLE Y LOS METALES PRECIOSOS?
Decir que un metal es noble no significa necesariamente que sea precioso. La preciosidad de un metal se aprecia, por supuesto, en función de sus diversas propiedades (inalterabilidad, dureza, conductividad, densidad, ductilidad, etc.), pero también en función de su rareza y del valor comercial que se deriva de ella. Por lo tanto, la definición de metal precioso puede evolucionar a lo largo de los siglos, en función de su disponibilidad, los descubrimientos de minas, sus usos, el nivel de demanda, etc.
Hoy en día, se pueden considerar preciosos cuatro metales en bruto: el oro, la plata, el platino y el paladio. Además de utilizarse como materias primas para diversos fines, son muy apreciados por los inversores. Los metales preciosos constituyen, en efecto, valores refugio y productos tangibles en los que invertir.
Otros metales se definen como «semipreciosos», sin entrar en la categoría de metales nobles. Es el caso, por ejemplo, del titanio, el níquel, el aluminio y el cobre. Son menos escasos y menos caros que los metales preciosos, pero no por ello dejan de tener una gran demanda, lo que contribuye a su revalorización en el mercado.
¿ES ACERTADO INVERTIR EN METALES PRECIOSOS?
No todos los metales preciosos son lo suficientemente escasos y fiables como para constituir una buena inversión. Por eso, para diversificar y asegurar su patrimonio, es preferible centrarse en los metales preciosos.
La compra de oro y plata sigue siendo la mejor opción para constituir un ahorro. Se trata, en efecto, de metales fiables, reconocidos desde hace tiempo como valores seguros a escala internacional. Su escasez los convierte, además, en buenas inversiones a medio y largo plazo, con un bajo riesgo de pérdida. Se pueden adquirir en diversas formas, como lingotes, lingotillos, monedas, medallas, etc. También se pueden encontrar metales preciosos en otras formas, no destinadas específicamente a la inversión, sino consideradas como objetos de colección. Más que su valor intrínseco en oro o plata pura, son su valor histórico y su estado los que influyen en su precio y en su potencial de revalorización en los próximos años.
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